Por mucho que queramos
seguir nuestro día a día y obviar que estamos ya a mediados de
diciembre y que las hojas del calendario nos anuncian la cercanía de
un nuevo año, las calles empiezan a oler a Navidad. Luces, abetos,
oferta de regalos, felicitaciones (casi todas ya en formato digital,
muy pocas escritas a mano y enviadas por correo) y, este año,
descuentos adelantados en ropa, zapatos y complementos temiendo la
reducción de ventas, se apoderan ya de pueblos y ciudades en
cualquier punto de nuestra geografía. Y los que somos padres no
podemos olvidar el disfraz de Papá Noel para el cole, el festival de
Navidad (por supuesto, a horas poco pensadas para papás
trabajadores….), la carta a los Reyes y el “quiero, quiero,
quiero” en boca de nuestros pequeños constantemente.
Ayer pude disfrutar
fugazmente de los adornos navideños preparados en la costa
mediterránea, donde el invierno no sabe de termómetros bajo cero, y
en el tren de vuelta me imaginaba cómo serán estas fechas al otro
lado del charco, en la América sureña de nuestras colegas de Chile,
Argentina o Perú, y me gustaría saber algo más, dejar la tradición
por un año y pasar la Nochebuena en otro hemisferio. Pero pronto
volví a la realidad, el tren se detuvo y me recibió un Madrid
“lleno de frío”, repleto de escaparates que invitan al consumo,
pero también de cada vez más gente que demanda un euro, un litro de
aceite o una barra de turrón para ofrecer a sus niños. Y me invadió
la melancolía, como suele suceder en estos días, la rebelión
contra este presente tan desigual, la dicha de sentirme afortunada
por pertenecer aún a una clase “favorecida” y la incertidumbre
de un futuro que sigue anunciando ERES, desahucios, bancarrota y
recortes. ¿Y qué nos queda de todo eso?, no por muy manido deja de
ser real: la cercanía de los seres queridos, el beso de tu pareja,
el recibimiento de tu hijo con un dibujo mal pintado, el recuerdo de
los que ya no están y la necesidad de buscar a los que sí están,
de olvidar el whatsapp y compartir un café con los amigos y una
buena cena con los más allegados. Ésa será mi Navidad, a este lado
del Atlántico, ¿y la vuestra, cómo será?
Marta Santamarina

Marta, leerte me llenó de sentimientos diversos, es que por estos días dan ganas de hacer muchas cosas de compartir con los que amamos, pero pensar en los que tienen menos, o nada, es algo que desde mi infancia me ha lastimado el corazón. A veces me siento incómoda por tener lo poco que tengo, que a veces siento que es mucho.
ResponderEliminarBueno te diré que por este lado del charco (Chile), en las fechas de Navidades siempre hay mucho calor, al menos en la parte norte y centro, ver a un hombre vestido de Viejito Pascuero (Santa Claus) es imaginar el calor que siente, je. Por ahora estamos con un clima muy extraño, sol y lluvia mezclados.
Un abrazo y Felix Navidad.
Feliz Navidad Pamela!!!!! pues lo dicho, me encantaría verlo un año, pasar una Navidad con calor. Disfrútala mucho!
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