13/12/12

Sabor a Navidad




Por mucho que queramos seguir nuestro día a día y obviar que estamos ya a mediados de diciembre y que las hojas del calendario nos anuncian la cercanía de un nuevo año, las calles empiezan a oler a Navidad. Luces, abetos, oferta de regalos, felicitaciones (casi todas ya en formato digital, muy pocas escritas a mano y enviadas por correo) y, este año, descuentos adelantados en ropa, zapatos y complementos temiendo la reducción de ventas, se apoderan ya de pueblos y ciudades en cualquier punto de nuestra geografía. Y los que somos padres no podemos olvidar el disfraz de Papá Noel para el cole, el festival de Navidad (por supuesto, a horas poco pensadas para papás trabajadores….), la carta a los Reyes y el “quiero, quiero, quiero” en boca de nuestros pequeños constantemente.


Ayer pude disfrutar fugazmente de los adornos navideños preparados en la costa mediterránea, donde el invierno no sabe de termómetros bajo cero, y en el tren de vuelta me imaginaba cómo serán estas fechas al otro lado del charco, en la América sureña de nuestras colegas de Chile, Argentina o Perú, y me gustaría saber algo más, dejar la tradición por un año y pasar la Nochebuena en otro hemisferio. Pero pronto volví a la realidad, el tren se detuvo y me recibió un Madrid “lleno de frío”, repleto de escaparates que invitan al consumo, pero también de cada vez más gente que demanda un euro, un litro de aceite o una barra de turrón para ofrecer a sus niños. Y me invadió la melancolía, como suele suceder en estos días, la rebelión contra este presente tan desigual, la dicha de sentirme afortunada por pertenecer aún a una clase “favorecida” y la incertidumbre de un futuro que sigue anunciando ERES, desahucios, bancarrota y recortes. ¿Y qué nos queda de todo eso?, no por muy manido deja de ser real: la cercanía de los seres queridos, el beso de tu pareja, el recibimiento de tu hijo con un dibujo mal pintado, el recuerdo de los que ya no están y la necesidad de buscar a los que sí están, de olvidar el whatsapp y compartir un café con los amigos y una buena cena con los más allegados. Ésa será mi Navidad, a este lado del Atlántico, ¿y la vuestra, cómo será?

Marta Santamarina

2 comentarios:

  1. Marta, leerte me llenó de sentimientos diversos, es que por estos días dan ganas de hacer muchas cosas de compartir con los que amamos, pero pensar en los que tienen menos, o nada, es algo que desde mi infancia me ha lastimado el corazón. A veces me siento incómoda por tener lo poco que tengo, que a veces siento que es mucho.
    Bueno te diré que por este lado del charco (Chile), en las fechas de Navidades siempre hay mucho calor, al menos en la parte norte y centro, ver a un hombre vestido de Viejito Pascuero (Santa Claus) es imaginar el calor que siente, je. Por ahora estamos con un clima muy extraño, sol y lluvia mezclados.
    Un abrazo y Felix Navidad.

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  2. Feliz Navidad Pamela!!!!! pues lo dicho, me encantaría verlo un año, pasar una Navidad con calor. Disfrútala mucho!

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Gracias por tus palabras