EL BESO
Quien más quien menos tiene sus propias
rutinas desde el mismo momento que abre los ojos por la mañana. Una de las mías
es el paseo mañanero con Gabo, mi pastor alemán. A eso de las nueve, a veces un
poco más temprano, los fines de semana con un poco de suerte y, si su colega
humano lo permite, lo damos un poco más tarde. Pero siempre salimos a pasear.
En nuestro paseo matinal solemos ir por los
mismos sitios, algunas variaciones en mitad del paseo pero siempre terminamos
en un punto de referencia en nuestros paseos. Un lugar que se ha convertido en
uno de nuestros lugares de paso obligatorios desde el momento en que lo
descubrí.
Ese lugar es una residencia de ancianos. Un
día pasé por delante de su jardín y de pronto cada día siento la necesidad de pasar
por delante de las rejas y ver a una señora. Una señora de unos ochenta años,
vestida con su batita de flores, sus zapatillas de estar en casa y con su
inseparable collar de perlas.
Desde la primera vez que la vi me llamó la
atención por su forma de actuar. Siempre pasea en el mismo lado del jardín, da
vueltas y vueltas de un lado a otro con la mirada perdida. Cada mañana nos ve a
Gabo y a mí sin realmente vernos, su mirada está completamente perdida. Y esa
tristeza de su mirada me conmovió haciendo que cada día pase por delante de la
reja intentando sonreírle y alegrarle algo el día. Pero no nos ve y Gabo se
sube a la reja para ver lo que hay al otro lado.
Hasta esta semana el paso por delante de la
residencia terminaba por acongojarme pero por un extraño motivo necesitaba
pasar por delante. El viernes al pasar la imagen que nos recibió a Gabo y a mí
fue diferente. Estaba la señora de las perlas en su interminable paseo de
vueltas y vueltas pero mis ojos fueron un poco más allá.
Mi vista se posó en una pareja sentada en un
banco bajo un árbol. La pareja estaba abrazada y justo cuando mi mirada se
detuvo en ellos se besaron. Un cálido beso en los labios me hizo arrancar una
sonrisa mientras me imaginaba una larga relación. Toda una vida juntos. Un amor
eterno.
Aquel sencillo beso me alegró la mañana
llegando a hacerme ver un atisbo de sonrisa en la señora de las perlas. Desde
el viernes, desde ese beso la residencia ha dejado de ser un lugar de miradas
perdidas, ahora busco besos robados y sueño con ser yo un día esa señora
octogenaria sentada bajo un árbol recibiendo ese beso y ese abrazo….
Besos y buena semana!!!!
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Es muy bonito esto que has escrito, la verdad es que desde que soy mamá mis sentimientos están casi siempre a flor de piel, y siento una gran empatía por todo lo que me rodea, sobre todo los temas relacionados con niños o ancianos son los que mas me tocan la "fibra", creo que en general se debería de tener mucho mas en cuenta a los ancianos porque con suerte, todos lo seremos algún día, besos!!
ResponderEliminarEstamos en la misma situación!!! Me pasa lo mismo!!!Y tienes toda la razón del mundo al decir que todos pasaremos por ahí!!!
Eliminarbesitos
A mí también me gustaría ser esa mujer de la banca. Que grato el relato, saber que hay ancianos que pueden vivir con esa felicidad.
ResponderEliminarAún me intriga un poco la señora de las perlas.
Saludos.
y a mí, por eso, cada día paso por delante, es superior a mis fuerzas pero emana demasiada tristeza.
EliminarBesitos