Creo que ya he comentado en
alguna ocasión mi pasión por los viajes y la necesidad de conocer destinos
nuevos, mucho más si puede ser en familia. Me gusta viajar fuera de nuestras
fronteras, pero soy de las que creo que tenemos la suerte de vivir en un
destino turístico de primera magnitud, repleto de pueblos, ciudades y rincones
naturales dignos de conocer y disfrutar.
Así, por vocación, y también por
profesión, aprovecho cualquier momento para preparar una maleta y emprender
rumbo al norte, al sur, al este o al oeste. Y también por profesión, he tenido
la suerte de conocer y poder disfrutar a menudo del turismo en contacto directo
con la naturaleza, algo que cada día valoro más.
Desde que soy madre, además del
destino, cuando pienso en unas vacaciones o en un fin de semana elijo también
con minuciosidad el tipo de alojamiento. A menudo, ir con niños a un hotel se
convierte en una pesadilla: si son bebés el llanto nocturno puede molestar al
cliente de la habitación de al lado; si precisan un biberón o una papilla
caliente tenemos que cargar con un hervidor o similar; si son más mayorcitos el
espacio de un dormitorio se les queda escaso…. Por eso, para los que no los conocéis,
os invito a descubrir otra forma de turismo: la que lleva a alojarse en un
bungalow, no demasiado conocidos aún en España pero idóneos, especialmente,
para familias con niños.
Estas casitas de madera u obra,
ubicadas en plena naturaleza y cada día más confortables y mejor equipadas, nos
permiten llevar la bicicleta y tener un espacio para guardarla, aparcar el
coche “a la puerta de casa”, cocinar y comer en familia sin tener que ir a un
restaurante, o dormir plácidamente y despertarse con el canto de los pájaros.
Los niños, además, ven el bungalow como su segunda casa, aunque sea por unos
días, y disfrutan esparciendo sus juguetes sin límite de espacio, saliendo al
porche o correteando por los alrededores con total seguridad, sin olvidar que,
sobre todo si vamos en temporada media o alta, el parque de vacaciones que
aloja el bungalow ofrecerá todo tipo de servicios y actividades de animación
para divertir a los pequeños.
Es decir, disponer de un bungalow
es como disfrutar de la intimidad que ofrece una habitación de hotel o casa
rural, un apartamento o una pequeña casa… en la playa, en la montaña o en
cualquier otro lugar, pero con mayores prestaciones e inmersos en un entorno
natural.
Por eso, para las que no
conozcáis esta forma de turismo, os quiero recomendar que visitéis el portal www.bungalowsclub.com/es/, donde podéis
obtener más información sobre lo que es el bungalow, ofertas e ideas. ¿Os
apetece probar?

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