Siempre se habla de lo mucho que nos cambia la vida con la llegada de la maternidad. Nos cambia en muchos aspectos, nuestra rutina se ve modificada y nuestras prioridades y tiempos son otros. De repente tenemos a nuestro cargo y somos totalmente responsables de estos pequeñines que nos necesitan tanto.
Tus amigos siguen siendo tus amigos pero como ocurre muchas veces en la vida entramos en una nueva fase. Hay nuevos factores, muchos, que definen tus relaciones, el hecho de que tengan hijos mas o menos de la edad del tuyo, la forma en que los demás educan a sus hijos y cómo los educas tú, el grado en que los demás parecen querer a tus hijos y viceversa son algunos de ellos. Tus propios hijos, a medida que van creciendo van desarrollando sus propias afinidades, o no, con los hijos de tus amigos.
Por experiencia propia se que los niños tienden a observar a sus padres en sus relaciones con los demás y eso definirá muy mucho la predisposición que ellos mismos tengan al respecto. Pero, aún así, siempre entrará en juego esa afinidad, esa química o falta de ella. Aún a una edad muy temprana los niños ya tienen sus gustos y preferencias condicionando, de esta manera, sus relaciones. Y, en definitiva, al ampliarse tu familia y ampliarse las de los demás habrás de encontrar un nuevo equilibrio. Tan sencillos y tan complejos somos.
Poco a poco, y siempre antes de lo que te esperabas, esa extensión tuya va siendo menos dependiente cada vez, participando como un igual en ese núcleo familiar que has formado. Los gustos, los quehaceres, las afinidades de los miembros que componen el núcleo irán buscando nuevos acomodos, encontrarán otros por el camino y por sobre todas las cosas siempre como una unidad.

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