En esta ocasión me gustaría compartir conmigo una parte de mi historia y como me fui sumergiendo en todo este mundo de la crianza con apego. Lo haré por partes porque estoy segura que me va a salir larga la historia =)
Antes de nacer mi hija tenía dos cosas muy claras: pecho hasta los 6 meses y cuna preparada en su cuarto desde el primer día. Y justo en este momento estoy recordando algo que me dijeron mis papás en son de broma: “Ustedes van a educar a Belén como a sus perros. Van a decir, no dejes que te domine”.
Durante el embarazo pensaba que esto de la maternidad era fácil… ilusa de mí. Pensé que no hacía falta leer, que no hacía falta informarse, que la absoluta verdad la tenía el médico y que todo iría marchando como debería. Esto último en cierta forma se cumplió.
Mi hija nació por cesárea, no sé hasta cuanto tiempo después la tuve conmigo (nadie sabe… todos estaban demasiado emocionados como para estar pendientes de la hora) y ya le habían dado fórmula. En la imagen que había creado en mi mente las enfermeras me ayudarían y me enseñarían como ponérmela al pecho. Nada. Ni una palabra. Mi marido y yo lo estuvimos intentando hasta que en la madrugada del siguiente día lo logramos. Aquí está la foto de la primera vez que amamanté a Belén. 24 horas después del nacimiento estábamos fuera del hospital.

Estuvimos una semana con mis papás. Los primeros 2 días mi hija siguió tomando fórmula y me la seguía pegando al pecho cada tres horas. Llevaba un registro detallado de a qué hora tomaba y cuántos minutos; intentando, vanamente, hallar un patrón porque “tenía” que hacerle sus horarios de tomas. Resultado: me volvía loca, no lograba hallarle pies ni cabeza y estaba super estresada. A quienes han pasado por esta etapa me entenderán y a quienes están embarazadas un consejo: no lo hagan.
¿Qué hice? Me dejé de tonterías y empecé a escucharme y a escuchar a mi hija. Fue entonces cuando se cumplió lo que dije párrafos antes: todo empezó a marchar como debería. Me olvidé de los 15 minutos cada 3 horas y me relajé. Si mi niña tomaba cada hora más o menos durante 8 minutos de un solo pecho así sería; esto fue el primer paso para la lactancia materna exclusiva. Al tercer día nada de fórmula… aunque seguía con mis apuntes tratando de hallarle la cuadratura al círculo. Así soy yo… ¿qué le hago? Pero antes de una semana mi obsesión iba disminuyendo… el instinto ya iba tomando las riendas.
Durante esos 7 días que estuve con mis papás, mi mamá me ayudaba con todo. Me tenía siempre la comida lista, lavaba la ropa, cuidaba a mi bebé mientras yo me aseaba o comía, arrullaba a mi hija por las noches cuando lloraba “para que yo durmiera” (pero yo no podía dormir, lo único que quería era cargarla y abrazarla), me ayudaba a bañarla y a vestirla.
Justo a la semana me fui a mi casa. Y me quedé sola con mi bebita recién nacida y mis cuatro perros. Mi esposo en aquel tiempo trabajaba muchas horas. Y ahí empezó lo más duro…
La próxima semana "La realidad de una mamá primeriza"
Roxy González
www.EscuelaDePadresPrimerizos.com
Roxy González
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Roxy, que linda historia, algunas de las cosas que cuentas me hacen sentir identificada, como planificarlo todo desde antes, intentar buscar patrones de horarios durante, quedarte solita después con hijo y perros....
ResponderEliminarEspero la continuación de la historia.
Saludos.
Bonita historia Roxy, esperamos la siguiente entrega con ansia.
ResponderEliminarBesitos
Gracias Elva, espero les guste la continuación =)
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