¿Cuántas veces has entrado en un probador con
una prenda de ropa de tu talla y te ha quedado pequeña o grande? ¿Cuántas veces
no has comprobado que una misma talla en el mismo modelito pero de distinto
color te queda bien en rojo, grande en azul y pequeño en negro? Supongo que
esto no lo he padecido única y exclusivamente yo. Imagino que hemos pasado por ahí todas aquellas que
solemos ir a comprar a una cadena de ropa muy conocida.
¿Dónde quedo aquella época en la que
podía llevarme la ropa sin probármela? Sabía cual era mi talla y que me gustaba
determinado vestidito y no me molestaba en probármelo. Ahora ya no sólo las
tallas varían dependiendo del sitio donde compres sino que dentro del mismo
comercio y del mismo modelo las tallas te pueden variar. ¡De locos!
Hace unos años esta locura de tallaje
salió a la luz y supuestamente se iba a arreglar para que las tallas fueran
universales. Entre otras cosas se hablaba de la inseguridad que produce cuando
te pruebas tu supuesta talla y te queda pequeña, porque reconozcámoslo si nos
viene grande nos produce satisfacción pero si siempre has llevado una 38 y de
pronto eres incapaz de abrocharte el pantalón el mundo se te viene a los pies y
la dieta ronda tu cabeza.
Sin embargo, mucho bla bla bla, mucha
campaña en la tele. Mucho estudio sobre los cuerpos de mujer en España y mucho
prueba de masa corporal en las pasarelas españolas, la realidad sigue siendo la
misma. Nos siguen vendiendo que hay que estar delgada, las tallas no siguen un
mismo patrón y seguimos sin saber qué talla usamos.
Y nada que decir ya si usas una de las llamadas “tallas
especiales” no puedes ir a cualquier comercio y , evidentemente , lo vas a
pagar más caro, y que no digan que es porque utilizan más tela porque hay
minifaldas más caras que vestidos largos, je.
Aquí entre nosotras, todo sería más fácil
si hicieran toda la ropa como los pantalones de bebés o los de las embarazadas,
que vas rodando el botoncito¡¡¡¡ y todos tan felices!!!

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