9/2/12

La realidad de una mamá primeriza

Aquí continúo la historia a partir de que llegué a mi casa con mi bebita. (Si no has leído la primera parte es esta: La historia del nacimiento de mi hija)

Decidí dejar la casa de mis papás porque quería estar a solas con mi hija. Tal vez suene a una locura, ahora sé lo necesaria que es la “tribu” para criar a los hijos, pero en esos momentos necesitaba momentos de soledad. Quería bañarla, abrazarla, arrullarla yo y nada más yo. Empezó a surgir en mí ese instinto materno-animal del que tanto leí después. Renací como esa madre mamífera protectora de su cachorro y ansiaba estar en “mi territorio”.

Pues bien, llegué, me instalé en mi cuarto y ahí estuve prácticamente viviendo por tres semanas. ¡Y qué semanas! Fue realmente duro. Me sentía insegura, temerosa, estresada, no sabía ni qué hacer… y además las hormonas están vueltas locas. Lloré mucho. Pero finalmente, pasó.

Si estás embarazada, no quiero que te asustes. Sí quiero decirte que es normal lo que yo pasé y que todas (las que estamos solas con nuestro bebé) pasamos por lo mismo. 

papá primerizoEl apoyo de mi esposo fue lo máximo. Siempre ha colaborado con tareas domésticas pero si no hubiera sido por él, me hubiera sentido peor. Se encargó de la casa al 100% (cocinar, limpiar, lavar trastos, lavar ropa - de los tres, y de la bebé ¡a mano! - , de atender a los perros, de hacer las compras) además de trabajar muchas horas fuera. Aunque por un par de semanas tuvimos una chica que iba tres días a hacer la limpieza.

Yo no tenía tiempo de nada literalmente. Mi hija no era de los bebés que los dejas en la cunita y se quedan ahí… no!!! Ella reclamaba a su madre a grito pelado cada segundo del día. Solamente estaba tranquila estando pegada a mí (lo cual es lógico, pero yo aún no lo entendía) y he de decirlo, tampoco podía separarme de ella. Aún así me resultaba todo agotador.

Mi esposo, antes de irse a trabajar, me dejaba el desayuno en la cama… y ahí se quedaba por horas porque yo no podía moverme teniendo a mi hija en los brazos y sin poder acostarla porque empezaba a llorar.  Mi bebé nació en verano, hacía un calor infernal y yo sin poder ir a darme un baño, sin poder quitarme la pijama, sin poder peinarme ni cepillarme los dientes. Aguantándome las ganas de ir al baño cuando la tenía dormida encima de mí.  Sobra decir que me sentía fatal.

Fueron semanas así. La lactancia iba mucho mejor. Empecé a leer sobre lactancia y supe que lo estaba haciendo bien, que la lactancia debe ser a demanda… una preocupación desapareció y llegaron otras. Sufría horrores para sacarle los gases, me podía pasar fácil media hora con las palmaditas en la espalda y nada. No quería acostarla porque me habían dicho que era muy peligroso acostarlos sin que saquen los gases porque se pueden ahogar si escupen un poco de leche. Y claro, siendo mamá primeriza y desinformada todo me daba pavor. Después aprendí que los bebés que toman únicamente leche materna no siempre tienen gases.

Viendo hacia atrás no me fue tan mal como a otras mujeres que tienen muchísimos más problemas con el posparto y la lactancia. Mi recuperación tras la cesárea fue bastante rápida, ningún problema con los puntos, no sufrí por los entuertos (ni sabía que existían porque nunca los sentí y nadie me había hablado de ellos), no tuve ninguna molestia al amamantar, no tuve grietas, mi bebé no lloraba desconsoladamente (a menos que estuviera separada de mí), dormía bien por las noches (vaya, bien para ser una bebé).

mamá primerizaEl problema era que mi realidad no correspondía con lo que te pintan en los medios de comunicación: una mamá primeriza con ropa preciosa, impecable, sonriente, con un bebé que duerme horas plácidamente… y yo una mamá primeriza con la misma ropa que hace 36 horas (una bata), sin bañarse, sudorosa, despeinada, hambrienta, encerrada todo el día en casa, sobrepasada por lo que implica ser mamá, con una bebé que duerme media hora seguida cuando mucho. Esto es lo que me hacía llorar. Tengo muy grabado un recuerdo: sentada en las escaleras abrazando a mi bebé y llorando las dos.

Por las noches era el único momento que tenía un poco de tranquilidad. Mi esposo llegaba, preparaba la cena, la bebé se dormía y teníamos más o menos hora y media hora para cenar, medio recoger la casa, lavar ropa, antes de que despertara.

Empecé a buscar información sobre lactancia y crianza. Me topé (tanto en lecturas como en comentarios de amigos y conocidos) el típico “no la cargues porque se acostumbra”, “es un error que duerma en tu cama”, “déjala que llore que si no te va a tomar la medida”, “seguro que se queda con hambre”, “dale un relleno de fórmula”… pero yo no podía hacer eso. El mínimo quejido de mi niña me hacía saltar y ponerme alerta. Por las noches me la pasaba siempre pendiente de ella, despertando por cada ruido que hacía cuando se movía en la cunita de viaje que estaba pegadita a nuestra cama. Me negaba a aceptar que mi leche era insuficiente o inadecuada (esto ya lo tenía más que claro por todo lo que había leído).

Poco a poco me fui adaptando, aprendí a hacer muchas cosas con una sola mano (la otra estaba ocupada cargando a la bebé), fui teniendo más confianza para bañarla, me acostumbré a pasar horas y horas en la cama.

Así llegamos al mes de vida de mi pequeña, cuando me enfrenté al siguiente problema: Alergia a la leche materna

Roxy González

4 comentarios:

  1. Hola,Roxy

    Sería tan fácil que vinieran con manual de instrucciones, nos solucionarían muchos problemas,jeje. Recuerdo que la primera vez que mi piojillo se puso a llorar fue justo el día que mi madre había regresado a Gran Canaria, y mi marido volvía a trabajar. Puaff, terminé llorando como una Magdalena, no podía parar de los nervios y la impotencia.
    La verdad es que yo no me puedo quejar porque me daba tiempo a todo mientra el peque dormía, porque si no estaba mamando estaba en su cunita durmiendo.
    Besitos y esperamos la tercera entrega

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  2. Roxy, en casi todo tu relato me vi reflejada, viví muchísimos momentos como los que tú descibes, pero yo estaba más sola... aún dilato el momento para escribir de ello.
    Saludos.

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  3. Elva, a pesar de lo difícil que resulta al principio qué gratificante es ser mamá, cierto?

    Un abrazo

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Gracias por tus palabras