Miraba a una, a la otra, a la tercera y
a la cuarta y, mientras disfrutaba con su magnífica interpretación, las
imaginaba al bajarse de su escenario: tal vez sean madres, quizá estén casadas,
divorciadas o continúen con una vida similar a la que les ha tocado
interpretar, de cierta insatisfacción pero llevada con humor. Es cierto, podía
haber ido al teatro y dejarme llevar, simplemente, por la historia o por las
pequeñas historias de estas cuatro maniquís que viven y sufren la realidad
cotidiana, pero quise profundizar un poco más, tal vez por tratarse de una
comedia femenina, quizá por degustar nuevamente el hecho de ir al teatro con mi
pareja. El caso es que me llenó y salí de la sala con una sonrisa pero también
con una docena de reflexiones.
Pensaréis, ¿de qué hablo?: pues bien, el
sábado pasado fui al teatro Bellas Artes de Madrid a disfrutar de una comedia
escrita a cuatro manos por mujeres (Marta Buchaca, Carol López, Mercè Sarrias y
Victòria Szpunberg), dirigida por una mujer (Mercè Vila Godoy) e interpretada
por otras cuatro féminas (las actrices catalanas Neus Bernaus, Alba Florejachs,
Mireia Pàmies y Vannesa Segura). La comedia “El año que viene será mejor”, me
llevó a analizar no sólo la trama (se trata de un collage de pequeños monólogos
e historias de amor, desamor, crisis e insatisfacción, que me recordó un poco a
aquella serie de hace un par de décadas, “Chicas de hoy en día” pero donde, al contrario
de aquél deseo de triunfar en el mundo del espectáculo y a la ilusión del día a
día, se narran las desventuras del presenta y del futuro de la generación
actual, especialmente de esta nuestra generación del “baby boom” educada en un
primer mundo que crecía a una velocidad de vértigo y que se encuentra, en pleno
siglo XXI, con el drama de un mañana más que incierto.
Y si incierto es el futuro de estas
mujeres que buscaron su independencia y quieren salir de su “miseria” y
frustración diaria, con un destino que, incluso, parece que empuja a una de
ellas a envejecer sola y rodeada de gatos, ¿cómo será el de las propias
actrices cuando se baje el telón y vean terminada la función?: posiblemente más
que inseguro si esa apuesta personal por dedicar su vida a los ensayos, a la
interpretación y a la caracterización se ve truncada por los recortes y
tijeretazos.
No se trata de hacer un elogio a la
profesión de actriz, pero mi breve experiencia laboral en el gabinete de
comunicación de una compañía de teatro me permitió ver de cerca cómo es ese
mundo entre bambalinas. El hecho de que cada noche se levante el telón de un
pequeño o gran teatro urbano lleva detrás un sinfín de horas de trabajo, de mal
comer y peor dormir, de estrecheces económicas y de trabajar por verdadera
vocación. Y si bien es cierto que hay casos de mujeres que realmente triunfan
en el mundo de la canción, el cine o el teatro, la realidad es que la gran
mayoría, aunque pensemos otra cosa, nunca podrán colgarse del hombro ese bolso
Gucci ni tan siquiera permitirse una hipoteca, un coche y la vida acomodada con
la que nuestra generación aspira desde la infancia. Somos la generación mejor
preparada de la historia, las mujeres más independientes y con más idiomas,
carreras y másters que nunca ha habido, pero el verdadero master nos lo está
dando la vida y en estos años, en estos meses, en estos días, estamos
aprendiendo a base de mazazos.
Marta

Magnífica lección de interpretación el de estas cuatro actrices, especialmente Alba Florejachs y Vannesa Segura. Otro acierto de la sala Villaroel y de sus creadoras y directora, así da gusto decir "Basta ya de tanta quejadera!..Así viví el re-estreno en el Bellas Artes..http://goo.gl/wvaZv
ResponderEliminarBellísima y reflexiva entrada y tienes toda la razón. A veces las "apariencias" engañan.
ResponderEliminarImagino la vida de una actríz tras bambalinas como bien dices y todo lo que muchas mujeres pasamos por salir adelante, por nuestros hijos y sobretodo, por nosotras mismas. Constantes sacrificios!
¡Tratamos de reir siempre... ocultando muchas tristezas!, en este mundo cada vez más conflictivo y desordenado.
Me encantó venir.
Cariños!