Hay recuerdos
que nos arrebatan una sonrisa cuando nos vienen a la mente. Otros, por el
contrario, nos hacen soltar alguna que otra lágrima, bien por la añoranza de un
momento ya pasado y al que nos es imposible regresar, mas que con nuestra
imaginación, y esos que no siendo agradables de recordar forman parte de
nuestro pasado y han contribuido a formarnos como persona. A ser quienes somos.
A llegar adonde hemos llegado.
Recuerdos de nuestra niñez. De esos largos
días de colegio, de las mágicas noches de reyes esperando que llegara la mañana
y ver que nos había dejado Melchor, Gaspar y Baltasar en nuestros zapatos. Las
largas tardes de verano disfrutadas en la playa con hermanos, primos…amigos.
Los días de instituto. Los primeros amores y cosquilleos de mariposas en el
estómago. La entrada en la universidad, las largas noches en vela estudiando
para algún examen.
Los besos robados. El olor a libros nuevos.
La llegada del verdadero amor, de ese que en algún sitio estaba escrito que
sería para ti, con ese que tendrías niños. El recuerdo del predictor, de esa
manchita que nos indicaba que estábamos embarazadas. La primera ecografía, los
latidos de ese pequeño y alocado corazón. El nacimiento de ese pequeñajo. El
olor de su piel. Sus miradas y sonrisas.
Recuerdos. Viven en nosotros y a veces no
sabemos apreciarlos. Apreciarlos como se merecen porque un día pueden
desaparecer sin más y de pronto olvidar el revoloteo de las mariposas en
nuestro estómago, no reconocemos a ese que fue nuestro amor, a ese que es el
padre de nuestros hijos y los olvidamos a ellos, los cuales se han convertido
en sombras desdibujadas para nuestros ojos.
Recuerdos que han formado nuestra vida y se
han ido dejándonos huérfanos de nuestra propia existencia. Es dura sólo la idea
de olvidar y ser olvidados. Lo sé. no quiero ver más miradas perdidas en el
infinito, por eso, hoy mi pequeño homenaje a todos los que han sufrido o sufren
ese “olvido”, esa “ausencia de recuerdos” porque los que nos quedamos hemos de
recordarlos como eran.
Yo me he
quedado con el olor de las magdalenas recién hechas a la salida del colegio,
con el dulce aroma del arroz con leche, con las risas provocadas por alguna de
mis locuras, por el amor desprendido por sus ojos al verme, por la mirada de
orgullo al comprobar en lo que me había convertido. Por ella, mi abuela, y por
todos los que padecen este horrible mal de nuestro siglo mi entrada de hoy
porque llegue el día en el que no haya que celebrar más días internacionales
del Alzheimer.
Un beso
Elva Martínez, Cuando olía a vainilla
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Elva, esa enfermedad que maltrata tremendamente a toda la familia.
ResponderEliminarDebe ser tan doloroso ver como se van alejando.
Ojalá la medicina consiga una pronta mejora para los que la padecen.
Espero que tu abuela pueda sentir que está acompañada.
Un abrazo.
Lo sintió, de eso estoy segura, va a ser dos años que no está.
Eliminarun abrazo
Has relatado un escrito precioso, Elva. Te mando todo mi apoyo tanto a ti como al resto de familias afectadas por este mal. Ojalá la medicina avance rápido en la cura y/o prevención del Alzheimer. Muchas veces decimos "esta vivencia ya no me la quita nadie" o "siempre nos queda el recuerdo". Trabajemos juntos por que así sea. Besos.
ResponderEliminarCierto, cuando empecé a escribir el blog, Cuando olía a vainilla, pensé " aquí siempre quedarán las anécdotas de mi piojo", que de pronto se te borren de la memoria de un plumazo es un horror.
EliminarBesos
Ha sido precioso y muy cierto. Es una enfermedad muy dura, q t quita los recuerdos, algo q tendría q estar prohibido. No s q s tiene q sentir, sin saber con quien estás ni muy bien quien eres. Mi abuela s puso muy nerviosa y agresiva, yo les dije a médicos y familia q en el fondo tiene q ser normal, ¡Imagínate!! Tiene q estar aterrada!!!! A esta enfermedad también le da igual si eres tonto, listo, hayas estudiado o no.
ResponderEliminarYo sigo recordándola 7 años después.....
Tienes toda la razón del mundo. Da igual lo intelectualmente preparado que estés, mira García Márquez, Adolfo Suárez, Pascual Maragall... Si te toca te tocó, a ti y a todos los de tu alrededor. Es imposible ponerse en la piel de alguien que ve borrarse poco a poco toda su vida....uffff...
Eliminarun beso
Una muy emotiva entrada Elva. Ojalá que nunca nadie nos arrebate estos preciados recuerdos que hoy nos empeñamos en atesorar. Un abrazo
ResponderEliminarMe he emocionado con tus palabras, Elva, va a hacer ya 9 años que mi abuela nos dejó por culpa de esta horrible enfermedad, es durísimo para los que están alrededor, pero no puedo ni imaginar cómo debe ser para la persona que lo sufre... Mi abuela olvidó hasta cómo se bebía en un simple vaso, su degradación fue devastadora..., hasta que una noche ya no pudo mas y nos dejó sin hacer ruido, es horrible cuando se va un ser querido...mucho ánimo y besos.
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