Eslovenia, ese pequeño tesoro alpino y balcánico
Tal como os comenté recientemente, hace
un par de semanas estuve de viaje relámpago en Eslovenia, ese pequeño país en
el corazón de Europa donde los Alpes se funden con el Mediterráneo, no
demasiado frecuentado por los turistas españoles y que me ha sorprendido
gratamente. Este año, además, el país acoge la 38 edición del Eurobasket 2013,
del 4 al 22 de septiembre. El torneo se llevará a cabo, en su primera fase, en
cuatro ciudades: Celje, jesenice, Ljubljana y Koper, mientras que la segunda
fase y la final se concentrarán únicamente en la capital, Ljubljana.
En mi caso volé desde Madrid hasta
Venecia (el aeropuerto de la capital no tiene vuelos directos con España (se
puede ir desde Barcelona hasta Trieste, en la frontera italiana, con Ryanair) y
desde ahí fui en coche hasta mi destino, Novo Mesto, en la región de la Baja
Carniola, lo que me permitió deleitarme con el verde paisaje esloveno, con
numerosos olivares, viñedos y huertos de frutales, tanto en la zona más cercana
a la costa del mar Adriático (donde se sitúa la localidad de Koper, con un
bonito casco antiguo medieval y un puerto que es testimonio del pasado
veneciano de la ciudad) y la bahía de Strunjan, entre las localidades de Izola
y Piran, una reserva con un acantilado de 80 m de altura. La escasa línea
costera eslovena (muy masificada en verano, según me comentaron los lugareños,
que aconsejan visitarla fuera de la temporada alta) sigue por Portorož, con un
moderno puerto de yates, un aeropuerto deportivo, un casino y una variada
oferta de eventos estivales culturales, deportivos y de entretenimiento. Cerca
de la costa podemos visitar también los atractivos poblados de la Istria
eslovena, como Hrastovlje con la Iglesia de la Santa Trinidad, decorada con
frescos narrativos del gótico tardío.
Tras un pequeño recorrido
turístico mi viaje continuó por autopista (en este país, como en otros de
Europa, para circular hay que colocar, en zona visible, una “viñeta”, ya que si
te paran y no la llevas, las multas son altas) pasando cerca de la capital,
hasta llegar a la mencionada Novo Mesto (todo ello en muy poco tiempo, el país
entero es tan pequeño como muchas regiones españolas y se puede recorrer de
extremo a extremo en apenas tres horas), pasando por verdes paisajes y
pueblecitos de vida agrícola, en la que me llamaron la atención las casas,
extremadamente cuidadas, con los aperos de labranza perfectamente colocados (es
el país más desarrollado de la zona balcánica y se asemeja a otros alpinos, como
Austria, sobre todo en las zonas más motañosas).
El río Krka
confiere un aspecto singular a la ciudad de Novo Mesto (de las más industriales
del país, de ahí mi visita a la zona para un tema profesional), situada sobre
siete colinas y con bastantes monumentos en sus alrededores. Si queréis daros
un pequeño homenaje, el complejo hotelero de las termas Dolenjske Toplice,
donde me alojé, son más que recomendables (una tarde de relax en su balneario
permite alejar tensiones y el estrés de la vida diaria). Me gustó Mucho también
el castillo de Otočec, el único de Eslovenia sobre una isla en
mitad del río.
En cuanto a la
comida, algo que siempre puntúo y valoro cuando viajo, le doy el aprobado:
platos muy tradicionales, con recetas caseras en las que abundan las patatas, la
pasta rellena y los quesos, que se degustan en tabernas (no son frecuentes los
grandes restaurantes). Eso sí, para mi gusto, baja la nota el vino, muy famoso
en el país pero que… acostumbrada a los caldos españoles… bueno… un cinco
raspado…
Marta Santamarina


Habrá que ahorrar e ir!
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