Vengo del pueblo, cualquier día me vuelvo a vivir allí, me encanta la libertad que disfrutan los niños, se saben seguros.
María
se fue de casa con sus amigos en cuanto llegamos, a recorrer los
montes, todos esos sitios que sólo los niños conocen, la fuente del
tesoro, el camino de la romería, la senda de la nueva caseta que van
haciendo con ladrillos encontrados...
sólo vuelven a casa a comer o a dormir.
Se juntan todos, grandes y chicos, niñas y niños y viven aventuras increibles, sacan bicis y sonrisas y no paran!!
Pueden merendar en cualquier casa, o encontrarme que todos vienen a mi casa a hacerlo.
De
alguna manera, cada madre es madre de todos, y yo estoy autorizada a
regañar a cualquiera, igual que el resto de las madres pueden hacerlo
con mis hijos.
Y unos y otras lo sabemos.
Yo disfrutaba un montón del pueblo con mi abuela, no quiero que mis hijos se lo pierdan.
Y
mientras que en las ciudades no salen sólos hasta los 12, o los 14 en
los pueblos a partir de los 5, si no hay peligro de carretera ya van y
vienen a su aire.
Lo que se va perdiendo es la costumbre esa
de salir a la puerta de la calle con las labores mientras los maridos
tomaban café y echaban la partida en el bar.
Tendré que empezar a recuperarla.
Pero los niños siempre son niños, y les siguen gustando las aventuras.
Marisa Casas

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