… sin letras
no hay nada. Esta frase robada a “Los Lunnies” (las que sois madres la
conoceréis) me lleva a ampliar un poco más y decir que sin palabras no hay
frases y sin frases no se escriben libros. Y… ¿qué sería de un mundo sin libros? ¿os lo podéis imaginar?
Desde luego, yo no.
El 23 de abril
es, desde hace años, un día muy especial para mí, casi tanto como el de mi
cumpleaños o cualquier otra fiesta del año. El deseo de rendir homenaje al
objeto material que, sin duda, me llevaría a una isla desierta, me invade desde
que me levanto, y el acto de comprar y regalar un libro me alegra sobremanera
la jornada (lástima que en esta ocasión haya caído en lunes y no lo haya podido
celebrar como deseaba).
Mi pasión por
los libros se inició desde bien niña y he de agradecérselo fundamentalmente a
una persona, Modesta, mi abuela postiza que, sin estudios universitarios, sin
Bachiller y sin apenas estudios básicos, creía en el poder de la lectura como
motor para formar personas. A ella le debo “Veintiocho historias de risa”, “Los
progresos del pingüino”, “Hugo y Josefina” y tantas otras historias infantiles
que yo devoraba en pocas horas y releía hasta que pude hacerme el carné de una
biblioteca pública.
Ese mismo afán
lector, esa maravillosa manera de adentrarte en un mundo imaginario, el placer
de “volar” con la mente a otras realidades, es la que quiero inculcar a mi
hijo. Pienso que tiene la suerte de haber nacido en una casa en la que abundan
los libros; en la que sus papás tienen siempre una o más lecturas empezadas
encima de la mesita de noche; en la que su dormitorio de tres años, además de
peluches y juegos, cuenta ya con una pequeña biblioteca que espero sepa valorar
y enriquecer. Cuentos, novelas, historias, obras de teatro, poemas… son
literatura que le ayudará a formarse como persona, y tanto su papá como yo le
guiaremos a la hora de elegir obras que le abran la mente, que le permitan
descubrir la amplitud del mundo, la diversidad de culturas, distintos puntos de
vista, la diversidad étnica, lingüística o política.
Por eso, en este
día del libro, en esta semana de la cultura, en este abril de los libros,
quiero hacer una defensa a ultranza del valor de la escritura, del arte de la
caligrafía, del olor de la tinta en una imprenta, de la magia de un diseño de
portada, de la firma de autor, del valor de las bibliotecas y librerías, de la
necesidad de plasmar las ideas en una hoja en blanco…. Creo firmemente en el
valor de las letras, en el poder de la palabra y en el valor material que se
esconde tras las páginas de un buen libro: el impulso de leer de principio a
fin una historia se mantiene hoy y sobrevivirá al futuro tecnológico, sea en
formato de bolsillo, en forma de best seller, en las hojas de una enciclopedia
o a través de un e-book.
Marta
Qué bonito y cuánta razón!! a mi también me encanta leer!! es increíble como la lectura hace que nos dejemos llevar a otros lugares y demos rienda suelta a nuestra imaginación!!
ResponderEliminarprecioso todo lo que has dicho!
hoy precisamente también en mi blog hablo de lectura, libros recomendados, etc..
Un Besooo!
Elisabet
A mi también me gusta mucho leer. Mis libros preferidos a esta edad son los de Paulo Coelho. Me encanta el post de hoy.
ResponderEliminarMi hijo de 7 años empezó a leer hace mas de un año ya. Intento traerle cuentos y revistas para que descubra lo maravilloso de la lectura.
Tu abuela me ha recordado a la mía. Y es curioso ver cómo personas que casi no tuvieron acceso a una formación básica dan tanto valor a la lectura y se esfuerzan (casi más que otras personas, por sus limitaciones) para coger todo lo bueno que ofrecen los libros.
ResponderEliminarSaludos