25/4/13

El Circo.




Lucía estaba con su madre en el almacén de don Lalo, cuando escuchó la musiquita que avanzaba por la calle, anunciando la llegada del circo. Ella, una muchacha, que no era niña y no era adulta aún, a los quince años, todavía se entusiasmaba con la llegada de estos espectáculos. 


Siempre en primavera hacían su aparición por la calle principal, rodeando la plaza, anunciándose con altavoces. La gente de los alrededores se acercaban a la calzada para verlos pasar y, Lucía, no sería la excepción.

─¡Lucía! ─gritó su madre ─¿a dónde vas?
─¡El circo, mamá! ─contestó la muchacha exaltada ─¡Voy a verlos!
─¡No corras, espérame!

Lucía, que ya había salido a la carrera del almacén, se devolvió para ayudar a su madre con las bolsas. Ambas caminaron hasta la esquina de la plaza, en dirección al sonido de la música.

─Mamá, debo ir al circo ─le pidió a su madre con cara de súplica, mientras miraban pasar los camiones que llevaban, pintado a los costados, un gran logo que decía "Gran Circo Magnífico".
─Pero mamá ─protestó la muchacha ─mañana es sábado. No tengo clases.
─Mañana veremos Lucía, no seas ansiosa ─repuso la madre dando por terminada la conversación.

Lucía volvió a su casa feliz, porque sentía seguridad en poder convencer al padre. Él no le negaba casi nada.
Lucía era la única hija de unos padres amorosos pero a la vez aprensivos. No le negaban nada, pero estaban siempre al pendiente de lo que hacía, casi nunca salía sin compañía.
Al día siguiente estaba sentada en primera fila con su padre. Era la función de la tarde, y había muchos niños.

Ese sábado se había levantado temprano y había ayudado a su madre con los quehaceres de la casa, después de hacer sus tareas escolares. Sus méritos, se habían visto recompensados con las entradas para el circo.

La carpa era muy grande y de vistosos colores, tenían también unos caballos y un tigre. La banda empezó a tocar una música introductoria, típica de los espectáculos circenses y luego el Señor Corales hizo su aparición en la pista.

─Como es costumbre, el Gran Circo Magnífico, se complace en presentar su gran espectáculo de primavera. Más de cincuenta artistas venidos de todas partes del mundo para entretener a grandes y chicos. Damas y caballeros, niños y niñas, ¡sean ustedes bienvenidos al Gran Circo Magnífico!

La muchacha estaba maravillada con el espectáculo, parecía una niña pequeña. Su padre reía con ella de las payasadas de los cómicos, y ambos contenían la respiración cuando el domador le tomaba la pata al tigre. Las hermosas amazonas que montaban los caballos tenían con la boca abierta a los señores, y los niños, no podían creer que las contorsionistas pudieran doblarse tanto.

Pero lo que más llamó la atención de Lucía fueron los trapecistas. Jóvenes fuertes, volando, y haciendo piruetas por los aires. Se le escapaba un grito, cada vez que pensó que se podían caer. Pero nada sucedió, los artistas, expertos en el arte, terminaron el número sin dificultad.
Esa noche Lucía soñó que vestía un traje brillante y se lanzaba de un trapecio decorado con flores, para caer en las manos de un joven que la catapultaba de vuelta  al trapecio de flores. El público aplaudía a rabiar y ella hacía una reverencia desde lo alto.

Pilar Lepe

3 comentarios:

  1. Gracias por este regalo, Pilar!!! Eres grande!!!
    un abrazo

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  2. Me gusto mucho tu relato! Me recordó mucho mi niñez. Te sigo desde BEE, un abrazo :)

    Te invito a mi blog http://katmayac.blogspot.com/

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  3. Muchas gracias a ustedes. Kat, ahora te busco. De Tú a Tú, esa dirección no existe hace mucho tiempo, no tengo idea por qué saldrá aún. Ahora es:

    www.pilarlepe.com

    Besos!

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Gracias por tus palabras