Viajar con amigos no es
fácil. No me refiero sólo a hacer un viaje de los de aventura, o de estar en un
mes fuera en un camping, haciendo un safari o un trekking. Viajar con amigos
puede significar un fin de semana en un apartamento a 40 kilómetros de casa.
Siempre se ha dicho, y estoy de acuerdo, que puedes tener una gran amistad con
una persona (o con una pareja, o incluso un grupo de amigos), pero que sencillamente,
a la hora de viajar no hay manera de que "aquello" funcione. Es
verdad. Puedo hacer fácilmente la lista de personas con quienes sé que puedo ir
de viaje y con cuáles no. Y esto no daña de ninguna manera la amistad, sólo que
el ritmo interno de un viaje / estancia requiere ciertos elementos que hay
gente con la que los tienes... y gente con la que no. Estoy convencida que,
como yo, a lo largo de vuestra vida habéis tenido sorpresas agradables y
desagradables. Y lo digo partiendo de la base y sabiendo que las personas
cambiamos y evolucionamos y por tanto, las cosas que nos eran válidas 15 años
atrás ahora quizás ya no nos sirven.
Pero… ¿y si además
añadimos a los hijos? Los propios y los de los amigos…
Ahhhhh .... Entonces la cosa aún puede complicarse más y ser una bomba de relojería. Las tensiones pueden ser aterradoras. No es fácil compaginar maneras de hacer, horarios, reacciones, ritmos, organización de actividades, intereses, timmings, barreras de límites y paciencias, sufrimiento por el “que pensarán” o juicios sobre lo que haces o hacen ... La lista podría ser interminable. Más de una amistad se habrá roto o enfriado después de un viaje. Y muchas otras salen reforzadas.
Ahhhhh .... Entonces la cosa aún puede complicarse más y ser una bomba de relojería. Las tensiones pueden ser aterradoras. No es fácil compaginar maneras de hacer, horarios, reacciones, ritmos, organización de actividades, intereses, timmings, barreras de límites y paciencias, sufrimiento por el “que pensarán” o juicios sobre lo que haces o hacen ... La lista podría ser interminable. Más de una amistad se habrá roto o enfriado después de un viaje. Y muchas otras salen reforzadas.
Estos días de Semana
Santa los pasamos con unos amigos que tienen dos hijos, y forman parte del
reducido grupo de personas con quienes sé que podemos irnos juntos sin
problemas. Porque las cosas fluyen. Y la palabra clave es confianza y
obviamente, unas afinidades labradas a través de los años. Cuando estamos
juntos agradezco las conversaciones, los consejos, las bromas, los buenos momentos...
Ahora, ya sólo pensamos en el fin de semana que queremos pasar, también juntos,
en nuestro ventoso y querido San Pedro Pescador.
Y vosotros... ¿qué
experiencias has tenido a la hora de viajar con amigos... y los hijos? ¿Nos
queréis contar vuestra mejor o peor experiencia?
Núria Brugués

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