Hoy quiero compartir con vosotros algo con lo que me encuentro en muchas ocasiones en mi clínica veterinaria.
Me atrevo a afirmar que prácticamente la totalidad de los niños/as en un momento u otro piden a sus padres una mascota, generalmente un perro; y en muchas ocasiones vienen a mi consulta efectuando la misma pregunta ¿Es beneficioso para los niños tener una mascota, en concreto un perro?
Sin lugar a dudas tener una mascota en casa puede ser beneficioso para los niños, pero también hemos de tener en cuenta que genera nuevas responsabilidades que se deben sopesar y que tristemente en ocasiones no se tienen en cuenta.
Los niños suelen ser muy insistentes y seguro que cada vez que salga el tema del perro, intentaran convencernos para que compremos uno asegurando que se comprometen a cuidarlo; pero no podemos olvidar que son niños y que a pesar de las buenas intenciones generadas por las ganas de tener un perro, el desenlace siempre es el mismo: los padres son los que acaban encargándose por completo de su cuidado.
Es bueno hablar con los niños antes de comprar el perro y explicarles que un perro no es un juguete.
Asimismo, como padres, antes de adquirirlo hemos de estar dispuestos a asumir las responsabilidades que vamos a tener durante mucho tiempo.
Cuando es pequeño, un perro hace mucha gracia, pero el perro crece y se hace mayor.
Es importante saber elegir la raza de perro que nos conviene; debemos elegir una raza que sea acorde con nuestro carácter, con el modus vivendi que llevamos y lo que es más importante, acorde nuestra casa; pero esta elección ya la trataremos en otra ocasión.
Ni que decir tiene que el hecho de tener una mascota en casa estimula de forma positiva la afectividad de nuestros hijos; genera una actitud de responsabilidad en ellos y unos hábitos tales como darle de comer, sacarlo a pasear, jugar con él. Pero no debemos olvidar que los padres hemos de poner unas normas y unos límites en el comportamiento de los más pequeños hacia los animales de compañía para que desde un inicio el niño sepa perfectamente lo que puede o no puede hacer.
Desde aquí quiero transmitir también la necesidad que hay de concienciar a nuestros hijos sobre el abandono y el maltrato que por desgracia hoy en día existe en el mundo animal.
Es por ello que quiero dejaros una historia denominada Diario de un Perro, de Mariano Osorio; un relato que sin duda os ayudará para transmitir a los niños y concienciarlos que un perro es una grata compañía, y que no hay que abandonarlos.
“El diario de un perro no es sobre mi mascota; sin embargo si es la vida de muchos perros desafortunados que fueron comprados en un momento de capricho o sin pensar, por dueños irresponsables que no se interesan en su mascota, ni se tientan el corazón en echar a un animal a la calle.
Tal vez no se han puesto a pensar todo lo que pasará ese pobre animalito. Éste cuento es lo que esos perros nos platicarían en realidad, si pudieran hablar.
Está dedicado a ellos, tratando de sensibilizar a sus dueños".
1er. mes. mi mamá me cuida muy bien. es una mamá ejemplar.
2 meses: hoy me separaron de mi mamá. ella estaba muy inquieta, y con sus ojos me dijo adiós, esperando que mi nueva familia humana me cuidara tan bien como ella.
4 meses. he crecido rápido; todo me llama la atención, hay varios niños en la casa que para mi son mis hermanitos. somos muy inquietos, ellos me jalan la cola y yo los muerdo jugando.
5 meses: hoy me regañaron. mi ama se molestó porque me hice pipí adentro de la casa; pero nunca me han enseñado dónde debo hacerlo. además duermo en la recámara ¡ya no me aguantaba!.
8 meses. soy un perro feliz. tengo el calor de un hogar; me siento tan seguro, tan protegido. creo que mi familia humana me quiere y me consiente mucho. cuando están comiendo me convidan. el patio es para mi sólito y me doy vuelo escarbando como mis antepasados los lobos, cuando esconden su comida. nunca me educan ha de estar bien todo lo que hago.
12 meses: hoy cumplí un año. soy un perro adulto. mis amos dicen que crecí mucho más de lo que ellos pensaban, que orgullosos se deben de sentir de mí.
13 meses: que mal me sentí hoy, mi hermanito me quitó la pelota, yo nunca le agarro sus juguetes, así que se la quité, pero mis mandíbulas se han hecho muy fuertes, así que lo lastimé sin querer. Después del susto, me encadenaron, casi sin poderme mover, al rayo del sol. Dicen que van a tenerme en observación y que soy ingrato. No entiendo nada de lo que pasa.
15 meses: ya nada es igual...vivo en la azotea. me siento muy solo...mi familia ya no me quiere. a veces se les olvida que tengo hambre y sed. cuando llueve no tengo un techo que me cobije.
16 meses: hoy me bajaron de la azotea. de seguro mi familia me perdonó. yo me puse tan contento, que daba saltos de gusto. mi rabo parecía reguilete. encima de eso, me van a llevar con ellos de paseo. nos enfilamos hacia la carretera y de repente se pararon. abrieron la puerta y yo me bajé feliz creyendo que haríamos nuestro día de campo. no comprendo por qué cerraron la puerta y se fueron.
¡ oigan esperen !, ladre...se olvidan de mí. corrí detrás del coche con todas mis fuerzas. mi angustia crecía al darme cuenta que casi me desvanecía y ellos no se detenían: me habían abandonado.
17 meses: he tratado en vano de buscar el camino de regreso a casa. me siento y estoy perdido. en mi sendero hay gente de buen corazón que me ve con tristeza y me da algo de comer. yo les agradezco con mi mirada y desde el fondo de mi alma. yo quisiera que me adoptaran y sería leal como ninguno. pero sólo dicen pobre perrito, se ha de haber perdido.
18 meses: el otro día pasé por una escuela y ví muchos niños y jovencitos con mis hermanitos. me acerqué, y un grupo de ellos, riéndose, me lanzó una lluvia de piedras -a ver quién tenia mejor tino.- una de esas piedras me lastimó un ojo y desde entonces ya no veo con él.
19 meses: parece mentira, cuando estaba más bonito se compadecían más de mí. ya estoy muy flaco; mi aspecto ha cambiado. perdí mi ojo y la gente más bien me saca a escobazos cuando pretendo echarme en una pequeña sombra.
20 meses: casi no puedo moverme. hoy al tratar de cruzar una calle por donde pasan muchos coches, uno me arrolló. según yo estaba en un lugar seguro llamado cuneta, pero nunca olvidaré la mirada de satisfacción del conductor, que hasta se ladeó con tal de centrarme. Ojalá me hubiera matado, pero sólo me dislocó la cadera. el dolor es terrible, mis patas traseras no me responden y con dificultades me arrastré hacia un poco de hierba a la ladera del camino.
Tengo 10 días bajo el sol, la lluvia, el frío, sin comer. ya no me puedo mover. el dolor es insoportable. me siento muy mal; quedé en un lugar húmedo y parece que hasta mi pelo se está cayendo. alguna gente pasa y ni me ve; otras dicen: no te acerques.
Ya casi estoy inconsciente; pero alguna fuerza extraña me hizo abrir los ojos. la dulzura de su voz me hizo reaccionar. pobre perrito, mira cómo te han dejado, decía...junto con ella venía un señor con bata blanca, empezó a tocarme y dijo: lo siento señora, este perro ya no tiene remedio, es mejor que deje de sufrir. a la gentil dama se le salieron las lagrimas y asintió. como pude, moví mi rabo y la miré agradeciéndole me ayudará a descansar. sólo sentí el piquete de la inyección y me dormí para siempre pensando porqué tuvo qué nacer si nadie me quería.
Dr. Santi Ribell Veterinario

¡Qué triste! Sé que hay gente que se comporta de esa manera, pero no entiendo cómo puede suceder. Yo tengo dos perros adultos y dos cachorros y jamás se me ocurriría dejarlos a la intemperie y menos si llueve. De tan solo pensar en que estuvieran solos y perdidos, me muero de la angustia. Para nosotros son como nuestros hijos, aunque tengamos hijos humanos, ellos jamás pasarían a ser una posesión que fue entretenida por un tiempo.
ResponderEliminarSaludos
Pero hemos de concienciar a la gente. Hay muchos abandonos de animales sobretodo cuando se hacen mayores y ya no son un juguete.
ResponderEliminarA mi me convencieron para tener un perro hace 3 años, no lo puedo tener en casa porque les tengo alergia, lo tengo en el campo. Yo no quería el perro, sabía que iba a ser mi responsabilidad, y de hecho lo es, pero ahora lo adoro y el perro yo creo que lo sabe, hasta me da la sensación de que entiende que si no me pongo los guantes no puedo tocarle y tiene un 6º sentido (o eso me parece a mi) si Christian está en el agua y yo no estoy con él, el perro no se mueve del lado del niño. Es impresionante
ResponderEliminarSanti, bienvenido!!! Gran estreno el tuyo. Nunca entendí que se abandonaran perros y menos desde hace 8 años, edad que hubiese tenido mi primer Gabo. Siempre he pensado que quien abandona a un perro abandona a una persona porque para mí, Gabo es un miembro de mi familia, venga es mi hijo el pequeño.
ResponderEliminarbesitos