Aprender de los más pequeños.
La cultura adquiere diferentes formas en cada espacio temporal y lugar
geográfico, de eso no cabe duda, y precisamente esa diversidad es la que hace
al hombre más interesante y exalta los atractivos de la vida. ¿No es cierto que
en la sociedad desarrollada en la que vivimos anhelamos viajar a otros confines
para conocer diferentes paisajes y a otras gentes? ¿no creéis que el racismo se
combate viajando y el “fanatismo” religioso, nacional o de cualquier tipo,
ampliando nuestro elenco de amistades con hombres y mujeres de todo tipo y
condición? La mayoría de vosotras coincidiréis en que es así. ¿No es cierto
también que un blog como el que nos reúne, a mujeres de España y de nuestros
hermanos hispanohablantes en América es una enriquecedora muestra de diversidad
cultural?
¿Por qué la necesidad de declarar un día al año que incida en las
oportunidades de valorar la diversidad cultural y de aprender a “convivir” de
una mejor manera?: en mi opinión, porque tenemos demasiados perjuicios que se
solucionarían, a mi modo de ver, aprendiendo de los más pequeños, de nuestros
hijos.
Haced la prueba. Precisamente este fin de semana pasado mi niño, de
tres años, me dio dos excelentes lecciones de convivencia con total
naturalidad:
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El sábado estábamos en un parque infantil de un camping (alojamientos
que aprovecho para recomendar como el mejor lugar para que los niños convivan
con otras lenguas y otras culturas) y mi pequeño vio a un niño (mayor que él)
que jugaba sólo; se acercó y le preguntó su nombre. Al momento se me acercó y
me dijo: “mami, es que ese niño habla inglés”, ¿y qué? Le contesté, habla con
él lo que tú sepas de inglés y jugad juntos. No hizo falta más… y bastante le
costó a su mamá “arrastrarlo” del juego en el momento en que se tuvieron que
ir.
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Al día siguiente fuimos a una comunión de una niña ecuatoriana que
vive en España, en la que había niños de distintas edades y nacionalidades:
españoles, ecuatorianos, peruanos… unos más tímidos y otros menos, todos unidos
en la fiesta, en los mismos juegos, compartiendo o aprendiendo las mismas
canciones…. Y, por supuesto, sin pensar en modo de vestir, color de piel,
acento, religión o nacionalidad.
¿No somos, a menudo, los adultos, los que tenemos todo este tipo de
perjuicios? Quizá en educación en este tipo de valores y respeto a otras
culturas lo pequeños de la casa deban ejercer como maestros… Es, simplemente,
una reflexión que quería compartir con vosotras.
Marta
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Nosotros tenemos amistades con latinoamericanos, de hecho tengo dos buenas amigas, una peruana y otra colombiana y sus hijos son muy amigos del mio.
ResponderEliminarMi hijo el mayor que tiene 18 años tiene muchisimos amigos latinos y arabes, en nuestra casa no hay cabida al racismo.
El color de la piel no hace ser diferente de los demas.
Bsos y me ha gustado mucho esta entrada Marta!