7/5/12

Mujer y mamá.-


    Ayer celebrábamos en España el Día de la Madre. Toda madre antes de ser madre es mujer. Mujer con una vida propia, con una vida labrada a lo largo de los años, personal y profesionalmente hablando. La mayor parte de las mujeres de mi generación nos hemos labrado un futuro  profesional, hemos estudiado una carrera con la ilusión de terminar trabajando en aquello para lo que nos hemos preparado. En la mayoría de los casos profesión vocacional. Profesión a la que le has dedicado horas y horas de estudio para poder conseguir ese trabajo deseado.

De pronto un día decides junto con tu pareja que ha llegado el momento de ser papás. Y ahí comienza una nueva aventura. Probablemente, la mayor aventura de la vida, de engendrar o adoptar a un pequeñín, de verlo crecer, de educarlo, de quererlo… Toda una aventura con la que muchas hemos soñado desde siempre. Una aventura que no es tan fácil de lograr.

Una aventura que puede llegar a convertirse en una auténtica carrera de obstáculos. No hablo de obstáculos físicos, no es tan fácil tener un niño como se puede llegar a pensar. No todo el mundo tiene la suerte de desearlo y ver su sueño hecho realidad 9 meses más tarde.

Los obstáculos de los que hablo son los que nos pone la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Sociedad en la que en países como el mío, España, no nos permite conciliar nuestras dos vidas, esas dos vidas en la que hemos puesto toda nuestra ilusión, nuestra vida profesional y nuestra vida familiar.

Eres joven, tienes a tu lado una pareja que te quiere, tienes un bebé maravilloso y un trabajo, que te gusta. Estás en un punto maravilloso de tu vida, en el cual tienes todo lo que quieres. Durante 16 semanas te desvives por ese pequeñín que acabas de tener y,  de pronto, llega ese día en el cual has de dejar a tu peque y reincorporarte a tu trabajo.

¿Qué haces con él?

Es tan pequeño e indefenso, necesita a su papá y te necesita a ti o, al menos a uno de los dos, sin embargo lo has de dejar. A veces son los abuelos los encargados de cuidarlo en las largas horas laborales. Otras veces optamos por contratar a una persona, que lo cuide en casa, o lo llevamos a una guardería.

En todas las opciones, el bebé será bien cuidado por sus abuelos o por profesionales pero les falta esa figura materna, tan necesaria cuando eres un recién nacido, cuando apenas conoces el mundo que le rodea.

No, no creo que debamos abandonar una parte de nuestra vida. Hemos decidido ser mamás pero primero somos mujeres y mujeres con una profesión. No es necesario abandonar una parte de tu vida para tener la otra. Se puede ser mujer, ser una buena profesional y ser mamá. Todo se puede tener con una buena Ley de Conciliación Familiar.

¿Por qué perder a grandes profesionales por no permitirles conciliar sus dos vidas? ¿Por qué en algunos países es posible conciliar y en otros no? Son tantos los porqués que me planteo, que nos planteamos. ¿Es verdaderamente una utopía creer en esa Conciliación? 

Elva Martínez,Cuando olía a vainillia

4 comentarios:

  1. Es una lucha tan dura ésta que apena y maltrata.
    Los costos muchas veces son altos. Hay que organizarse como sea, apoyarse unos con otros.
    Creo que se puede mejorar.
    Saludos.

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  2. Y quedarte en casa cuando se ponen enfermo tampoco se puede, que no está contemplado en los permisos del trabajo, así lo raro es que tengamos hijos.

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  3. Están las cosas que cada día es peor para las mujeres trabajadoras pensar en ser madres, todo son problemas y trabas. Me da mucha pena pensar es esos bebes que se pasan el día separados de sus madres, o padres, pero la situación económica de las familias no deja alternativas.

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    Respuestas
    1. Hola, guapa!!!

      Gracias por leernos y comentar. Sí, cada día está más complicada la cosa.El caso es que no tendríamos que tener tantas trabas a la hora de ser madres, porque al fin y al cabo esos pequeños son el futuro del país y si en otros paises es posible la conciliación, nosotros no deberíamos ser menos. Esperemos que todo cambie, eso sí, a mejor.
      un besito
      Elva

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Gracias por tus palabras